domingo, 15 de febrero de 2009

Yo no tenía ganas de reir, tú reías para no llorar. Yo le guiñaba un ojo a mi nariz, tú consolabas a tu soledad. Yo sin ninguna escoba que vender, tú con mil y una noches que olvidar. A mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad. Tú habías perdido el último autobús, a mí me habían hechado de otro bar.
Los mismos alfileres de vudú, el mismo cuento que termina mal. Pero quiso el cielo bautizar el suelo con su gota a gota, y con champú de arena para tu melena de muñeca rota. Y tu mirada azul me dijo a cara o cruz, y mi alma de tahur lo puso a doble o nada. Y los peces de colores de mis botas, y tus marchitos zapatitos de tacón locos por naufragar, salieron a bailar al ritmo de la lluvia sobre las capotas; El rocanrol de los idiotas.
Yo no venía de ningún país, tú ibas camino de cualquier lugar. Conmigo no contaba el porvenir, de ti no se acordaba el verbo "amar". Yo no jugaba para no perder, tú hacias trampas para no ganar. Yo no rezaba para no creer, tú no besabas para no soñar.
Y sin equívocos de vodevil, ni alertas rojas en el corazón, el Dios de la tormenta quiso abrir la caja de los truenos y tronó. Porque quiso el cielo acariciar el suelo con su gota a gota, y con champú de arena para tu melena de muñeca rota. Qué disparate de Partida de ajedrez con un partenaire adicta al jaque mate.

No hay comentarios:

Publicar un comentario