Volví al bar a la noche siguiente,
a brindar con su silla vacía.
Me pedí una cerveza bien fría
y entonces no sé, si soñé o era suya la ardiente
voz que me iba diciendo al oído:
"Me moría de ganas, querido,
de verte otra vez."
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A lo lejos está saliendo el sol.
Estoy tan lejos tratando de olvidar.
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