Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior, - "demasiadas cervezas", - dijo, al ver mi cabeza al lado de la suya, en la almohada... y la besé otra vez, pero ya no era ayer, sino mañana.
Era la hora de huir, y se fue, sin decir: - "llámame un día". - Desde el balcón, la ví perderse, en el trajín de la Gran Vía.
La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes, y la sangre al galope por mis venas, y una nube de arena dentro del corazón, y esta racha de amor sin apetito.
Los besos que perdí, por no saber decir: - "te necesito". -




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